Me
detengo frente a un bosque. Respiro hondo. Abro los ojos y me encuentro allí
delante de todas esas flores, delante de toda esa naturaleza… “libertad”,
pienso. Y sigo pensando “¿quién no querría gozar de esta libertad?”.
En verdad ninguno de nosotros querría gozar de esa libertad
más de un periodo corto –cortísimo- de tiempo. Porque nosotros no sabemos estar
sin hacer nada, sin cumplir con nuestras obligaciones. A veces añoramos el no
tener que hacer nada, pero todos sabemos que cuando estamos más de dos días sin
hacer nada en el sofá mataríamos por hacer algo de provecho.
Y yo creo que por eso los fines de semana duran dos
días y medio y los cuatro días y medio restantes son días para crear una
rutina, porque sino nada podría funcionar; acabaríamos cansados de descansar.
Hay que tener una serie de metas en la vida. Unas metas
y unos objetivos que se deben ir renovando cada poco tiempo, que además lo
vayas consiguiendo para crear una satisfacción propia y poder seguir proponiéndote
nuevos objetivos y nuevas metas a lograr.
En mi opinión, las metas propias, nuestros propios
objetivos son algo clave para poder llegar a ser alguien en la vida, para poder
tener un equilibrio en tu vida, para poder descansar de la rutina sin llegar a
desconectar de la actividad.
…Comienzo
de nuevo a caminar y miro de reojo al bosque “quien tuviera esa libertad…”,
pienso.