Hay personas a las que necesitas en tu día a día y por supuesto,
que esas personas estén bien, que se encuentren bien es algo primordial para
ti.
A mi me
gustaría poder hacer feliz a todo el mundo, poder decirles que con una sonrisa
el mundo se ve mucho mejor, más bonito, más luminoso; decir que los ojos con
los que se mira al mundo deben estar abiertos y despejados, nada de inundados
por las lágrimas.
Y si, sé que en ocasiones,
la vida da algunos palos de más, sé también que en la vida las rachas son muy importantes
y que realmente solo nos fijamos en las malas, lamentándonos y diciendo que
nuestra vida no es una vida feliz y dejando a un lado, bien apartadas, las
buenas rachas -que también las hay aunque a veces no lo creas-, ya que esas las
tomamos como menos importantes, quizás porque pensamos que es como “debería
ser”.
No nos engañemos más, la vida está compuesta por cosas buenas y
cosas no tan buenas y para las no tan buena están nuestros amigos. Esos amigos
que se cuentan con los dedos de una mano y, hazme caso, se cuentan con los
dedos de una mano. No creo que nadie tenga más de cinco verdaderos amigos y si
alguien cree que si puede quitarse la venda de los ojos cuando quiera.
Yo tengo esos poquitos amigos verdaderos y si alguno de ellos no
está en su mejor momento yo voy a encargarme personalmente de hacerle feliz,
con una gran sonrisa que se coma todas las malas cosas que le atormentan. Yo me
encargaré de estar atenta a los detalles que puedan hacerle sentir mal y
esforzarme por lo que le gusta. Sé muy bien que a los amigos hay que cuidarlos
porque sino, el día menos pensado ya no estarán.
Por eso te doy este consejo: sé feliz haciendo felices
a tus amigos verdaderos tanto cuando lo necesiten como cuando no, porque la más
mínima sonrisa de un amigo, es la mayor fortuna con la que cuenta un ser
humano.
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