Cuando crees que nada te puede sorprender, cuando crees que te
has curado de espanto llega algo, una noticia, un cotilleo, una novedad que
hace que despiertes de esa ensoñación.
Hay personas que no cambian, que están bien para pasar ratos
agradables pero que no son personas en las que poder confiar. Guíate por tu
instinto y si algo te dice que no te fíes de alguien, no lo hagas porque estarás
cometiendo un error. Porque cuando pueda va a darte la espalda, o peor, va a
criticarte por detrás.
A ver, no es algo que me preocupe en exceso, quiero decir, hay
tantas personas así... pero si es cierto que nunca dejo de sorprenderme y por
supuesto, vuelvo a comprobar que no estoy curada de espanto.
La gente falsa, que habla más de ti a la espalda que a la cara
son personas que de verdad no merecen nada, pero cuando digo nada es ni
siquiera un mal gesto, no. Simplemente indiferencia – además dicen que la
indiferencia es el mayor de los desprecios-.
Y sigo en mis trece,
que una persona no tiene más de tres o cuatro personas en las que poder confiar
plenamente, que los demás van a delatarte por poner su culo a salvo y esto no
es criticable porque... piénsalo, ¿acaso tú no lo harías?
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